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El 2 de marzo de 1962 Wilt Chamberlain dejó para la historia el récord de anotación en un partido de un jugador en la NBA, que aún perdura en nuestros días. Lo más llamativo no fueron los 100 puntos que anotó Chamberlain, considerado el mejor pívot de la historia, sino el hecho de que anotara 28 tiros libres de los 32 que intentó (otro récord que será difícil de batir).

Wilt Chamberlain había sido el mejor en todo pero el peor en la línea de tiro libre hasta que en esa temporada empezó a tirar de cuchara (lanzando el balón de abajo arriba) y su porcentaje de acierto subió como la espuma. Lamentablemente, en la siguiente temporada Chamberlain decidió dejar de tirar de cuchara y volvió a convertirse en uno de los peores lanzadores de la liga.

¿Por qué dejaría alguien de hacer algo que funciona aun sabiendo que le da mejor resultado?, ¿por qué tomamos elecciones equivocadas aún sabiendo que no son buenas para nosotros? Wilt Chamberlain sabía que la mejor opción era seguir tirando de cuchara. Así le aconsejaba Rick Barry, su asesor de tiro y uno de los mejores tiradores de tiros libres de la historia quien ya gozaba de éxito con esta técnica. Sin embargo, Chamberlain eligió no hacerlo por miedo al ridículo, ya que nadie más tiraba de esa manera.

La historia de Wilt Chamberlain fue recogida por el escritor Malcolm Gladwell en su podcast Revisionist History, donde hace referencia al estudio “Modelos de umbral sobre el comportamiento colectivo” del sociólogo Mark Granovetter.

100 point game Chamberlain

estadísticas del partido récord de Wilt Chamberlain

Según Granovetter, no se trata de que las personas tienen creencias y las pierden cuando entran en un grupo grande, sino que pasan o no a la acción en función de su “umbral”: el número o proporción de personas que deben tomar una decisión antes de que una persona concreta lo haga. Granovetter añadía que “ése es el punto donde los beneficios netos exceden los costes netos para esa persona concreta”.

El estudio reflejó que hay dos tipos de personas: aquellas con un umbral alto (necesitan que muchas personas hagan algo antes de hacerlo ellas) y aquellas con un umbral bajo, que llevan a cabo acciones sin la necesidad de que (muchas) otras personas lo hayan hecho antes. De esta manera, los individuos con alto umbral toman menos riesgos y por tanto cometen menos errores. Y los de bajo umbral cuestionan el status quo y son los mayores agentes de cambio. La dificultad aquí está en que las personas con alto umbral corren el riesgo de perderse muchas oportunidades.

Otro factor influyente es que el umbral de cada persona es distinto. Cada uno de nosotros necesita un número distinto de personas que actúen para pasar a la acción. Todos tenemos la misma información, sin embargo algunos pasamos a la acción y otros no, o lo hacemos mucho más tarde.

Imaginemos a una abuela que está encima de un puente y ve a un grupo de personas tirando piedras a los coches que pasan por abajo. ¿Cuántas personas tiene que ver para tomar la decisión de tirar ella una piedra? Muuuuuchas, ¿verdad? La abuela tiene un umbral alto.

Ahora, imagina a la misma abuela cuando su familia le propone ir de vacaciones a China. Seguramente necesitará que vaya mucha gente de la familia antes de decir que sí, ¿verdad? Tener un umbral alto nos puede ayudar y nos puede limitar.

El mayor reto no está en que las personas tienen comportamientos interiores negativos o positivos, sino que hay contextos sociales donde los individuos con alto umbral necesitan ayuda para provocar el cambio. Esto nos enseña que los umbrales impiden a la gente hacer lo que saben que deben hacer para lograr sus objetivos.

 Otro ejemplo lo encontramos en el intercambio de palabras entre Barry y Shaquille O’Neal: “cuando le propuse a Shaquille que lanzara de cuchara, me dijo: “Yo soy un tipo hip hop y esto arruinaría mi imagen. Preferiría no meter ni una antes que tirar de cuchara”. Y así fue, lamentablemente para él… La conclusión que podemos extraer, según el propio Barry, es que “se necesita mucho orgullo personal para querer ser la mejor versión de ti mismo”.

 Por tanto, los datos sin acciones posteriores son irrelevantes para el éxito. Chamberlain conocía los datos que demostraban que debía tirar de cuchara y sin embargo no se atrevió a pasar a la acción.

 ¿Cómo podemos pasar a la acción si tenemos un umbral alto? ¿Dónde encontramos la motivación para hacerlo?

 1) Los líderes deben facilitar este proceso

Siguiendo el ejemplo de Chamberlain, si el cuerpo técnico hubiera animado a otros jugadores con un mal tiro libre a tirar de cuchara, Chamberlain no se habría sentido solo y por tanto habría seguido tirando de cuchara. Estos umbrales sociales nos afectan en nuestro día a día en todos los niveles de nuestra vida (no apuntarnos a una clase concreta en el gimnasio, no arrancar el proyecto que soñamos….todo porque sentimos que estamos yendo a contracorriente).

2) Pasando a la acción, nunca estaremos solos

¿Recuerdas las lecciones de liderazgo de aquel tipo que bailaba solo en una colina? Es gracias al primer seguidor, al que se anima a bailar, que el loco se convierte en líder. Por tanto, no hay movimiento posible o liderazgo sin ese primer seguidor.

La mejor forma de perseguir nuestros objetivos es precisamente animar a otros a que nos sigan cada vez que veamos una oportunidad o una acción de mejora.

En esta historia, Rick Barry, de umbral bajo, fue ese loco de la colina, lo hizo por sí mismo y acabó convirtiéndose en el mejor lanzador de tiros libres de la NBA pese a las mofas iniciales de todos los jugadores. Acabó recibiendo la admiración de todos y entró a formar parte del Salón de la Fama de la NBA.

¿Quién siguió a Barry? En la actualidad hay dos jugadores que han rescatado el tiro de cuchara y han mejorado notablemente sus estadísticas: Chinanu Onuaku y un tal Canyon Barry…sí, el hijo de Rick Barry (esto sin duda será una buena noticia para los padres que lean esto).

¿Qué precio social estamos dispuestos a pagar para mejorar y crecer?

Pedro Díaz-Ridao

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