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¿Consideras que tomas decisiones racionales en la mayoría de ocasiones?

Incluso si la respuesta es sí, lo más probable es que con mayor o menor frecuencia, tú también seas víctima de la falacia del costo hundido.

¿Te resultan familiares algunas de estas situaciones?

“Me encuentro fatal, pero me he gastado 100€ en las entradas del concierto así que no puedo quedarme en casa”

“Llevo dos años estudiando Derecho y no me gusta la carrera, pero ya que he empezado la voy a terminar”

“Nuestro proyecto no funciona, pero como pusimos 10.000€ cada uno, no podemos abandonar hasta recuperar lo invertido”

Este concepto se dio a conocer bajo el nombre de “aumento del compromiso” en 1976 tras los estudios del profesor de Berkeley Barry Staw, y se refiere al patrón de comportamiento humano por el que continuamos con el mismo comportamiento aun sabiendo que no nos conviene, simplemente por alguna decisión o acción que tomamos en el pasado.

Como veíamos en el ejemplo de las entradas del concierto, no podemos recuperar el dinero gastado y sabemos que nos encontraremos todavía peor si vamos, pero aun así decidimos hacerlo. Esto se aprecia incluso cuando existen problemas serios en las relaciones de pareja, donde a pesar ello decidimos continuar con nuestra pareja porque “ya llevamos muchos años”.

En el mundo del deporte, esto explica por qué muchos equipos se resisten a sentar o a malvender a un jugador que les costó mucho dinero. Y este concepto también sirve de alimento para los casinos (“si juego una mano más, recuperaré lo perdido…”). Y ya sabemos cómo acaba…

En el mundo de la empresa y el emprendimiento, a menudo vemos a emprendedores empeñados en levantar un proyecto prácticamente en fase terminal, pensando que si le dedican todavía más horas y sudor, le podrán dar la vuelta.

Los economistas denominan a este concepto la “falacia del costo hundido” o “falacia del costo irrecuperable”: esto sucede cuando al estimar el valor de una inversión futura, nos cuesta ignorar lo que ya hemos invertido en el pasado.

Como sugiere el profesor Adam Grant, los costos hundidos tienen un efecto importante en nuestras decisiones, pero hay tres factores que influyen aún más en nosotros: el arrepentimiento anticipado (“¿lo lamentaré si no le doy otra oportunidad al proyecto?”), la terminación del proyecto (“si sigo invirtiendo, terminaré el proyecto con éxito”) y la amenaza del ego (“si no sigo apostando por el proyecto, pareceré un fracasado”.

¿Cómo evitar la falacia del costo hundido?

Una buena opción es evitar que estos tres factores se produzcan y pedir constantemente feedback a los que nos rodean (colaboradores, socios, amigos). Si hacemos caso omiso a las opiniones que van en contra de lo que pensamos, estaremos poniendo en riesgo el proyecto sin darnos cuenta. Por el contrario, aquellos a quienes no les importa “tragarse el orgullo” a corto plazo, tomarán mejores decisiones a largo plazo. Por otro lado, separar el proyecto de la persona, el emprendimiento del emprendedor, nos ayudará a no llevarnos a lo personal las recomendaciones de nuestro entorno y a reaccionar mucho más rápida y ágilmente.

Abandonar no sólo es una opción sino que también es de valientes y como dice Seth Godin, si una situación no va a mejorar a pesar de que inviertas más tiempo, dinero o energía, entonces lo mejor es abandonar (sin importar cuántos recursos lleves invertidos hasta el momento).

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